26.3.11

El caballo alado

A Andrés

Cuando despierta, Giovanni no recuerda nada. Sus amigos le cuentan que se comió tres pepas –Matrix, para ser más exacto-, que aspiró pupers, que fumó bareta, que conoció el k.
Él se deprimió esa tarde, el día siguiente de Navidad. La fiesta fue en casa de un amigo donde se reunió todo el parche en una vieja casona desocupada en el barrio santa Ana. Entre todos hicieron una “vaca” y ordenaron una gran cena a un restaurante cercano para celebrar. El dinero recogido les sirvió también para contratar una miniteca y comprar trago a la lata. Luego de la medianoche comenzó a llegar el resto de amigos, los que celebraron la Nochebuena con su familia, y eran tantos que había gente en cada lugar de la casa. Para entonces llamaron a una dealer que les llevó la droga. Él sólo recuerda el cacho de bareta: ahí comenzó su desorden. Y ahora, al día siguiente, siente vergüenza cuando sus amigos le cuentan que lloró como un bebé, que gritó incoherencias, que dijo ser un caballo alado de color verde pistacho, que movió su cuerpo como en ataque de epilepsia afirmando que corcoveaba cual potro indómito, que emitió sonidos que semejaban relinchos, que se vomitó en la alfombra y se cagó en los pantalones. Después de oír aquello, Giovanni sólo quiere morir. Se promete a sí mismo que lo sucedido nunca más le va a ocurrir. Y duerme esa noche en su casa, triste y solitario, ahogado en la pena, ahogado en el llanto, recordando con desazón lo que sus amigos dicen que él contó mientras era un astronauta que volaba alrededor de la luna.

Su mejor amigo lo llama temprano ese 26 de diciembre. Se muestra preocupado. Que cómo pasó la noche, le pregunta. Que durmió como un lirón, responde Giovanni. Que si se siente mejor, vuelve y lo cuestiona. Y él, Giovanni, al otro lado del auricular, sonríe con malicia, acharola sus ojos y contesta seguro:

Es lo mejor que he vivido: quiero volver a sentirlo.



Revista SOHO
Diciembre de 2005

No hay comentarios:

Publicar un comentario